• Kike

¡Creerás que un hombre puede volar!



A veces ocurre algo curioso con las películas que conocemos bien y que hemos visto mil veces: nos olvidamos de lo importantes que fueron en su tiempo. O peor todavía, nos olvidamos de lo buenas que son aún hoy.


Esto ocurre con Superman: la película, estrenada en 1978. La obra maestra absoluta de Richard Donner, y la mejor película de superhéroes de la historia del cine.


Hasta ese momento, nadie había intentado trasladar los comics a la gran pantalla. Simplemente, no se consideraba que algo así pudiera dar dinero. Fue en estos años cuando Stan Lee se trasladó a Hollywood, pero no tuvo mucho éxito (lo máximo que consiguió fue la adaptación televisiva de Hulk). Los seriales cinematográficos de los años 30 y 40 quedaban muy, muy lejos. La única película del hombre de acero que existía hasta entonces era Superman and the mole men de 1951. Un episodio piloto de una serie de televisión que resultaba ortopédica incluso para la época. Por supuesto, la película funcionó entre los niños de entonces y contaba con un mensaje de tolerancia muy agradable... pero, no nos engañemos, no era, precisamente una superproducción.


Muchos creían que las películas para niños debían ser baratas porque no tenían capacidad de producir una taquilla que justificase otra cosa. El productor mejicano Ilya Salkind no estaba de acuerdo. De hecho, estaba dispuesto a financiar la película más cara de todos los tiempos.


Para convencer a los adultos que merecía la pena pagar entrada, la producción contó con dos actores considerados serios: Gene Hackman y Marlon Brando. Este último provocó algunos problemas con las típicas exigencias de estrella (pidió un salario descabellado por apenas unos segundos de metraje, hizo sudar tinta al bueno de Cary Elwes, cuyo trabajo era sacarle de la caravana cada día, y hasta se negó a aprenderse sus frases por adelantado). Sin embargo, también tuvo buenas ideas que aportaron a la producción (fue él quien sugirió que la S fuera el símbolo de la casa de El).


El guión original lo firma nada menos que Mario Puzo, el célebre escritor de El Padrino. Donner lo reescribió, curiosamente, no para añadirle mayor levedad, sino para eliminar los elementos de autoparodia. Y es que la clave del éxito de este Superman no es otro que el respeto hacia el material original. El filme, sin renunciar al sentido del humor, se toma a sí mismo en serio, cosa impensable a finales de los 70.


Y es que no hablamos de un tiempo inocente. Cuando la gente habla de esta película, olvida en muchas ocasiones como era la América de los 70. La crisis del petróleo, el Watergate, los últimos coletazos de la Guerra de Vietnam, el fin de la exploración del espacio, la deriva sensacionalista de los medios de comunicación, el avance imparable y a veces extraño de la tecnología, asesinos en serio, drogas, el recrudecimiento de numerosos conflictos armados en todo el globo...


Aunque suene a tópico, el manido sueño americano había muerto para muchos. Se habían destapado las mentiras y había quedado al descubierto el triste óxido de la realidad.


¿Como encaja Clark Kent en este nuevo mundo? ¿Como recuperar a un personaje tan simplón, incluso absurdo? La respuesta es clara: no cambiando absolutamente nada de su personalidad. Siendo fiel a sus orígenes y a su significado.


En todas y cada una de las interacciones de Superman con otros personajes tiene lugar la misma secuencia de acontecimientos. Los personajes secundarios, incluso aquellos salidos de los tebeos son gente real. Hablan y se comportan como lo harían ciudadanos americanos de carne y hueso. El diseño de producción, aunque luminoso, evoca el Nueva York de la época. Sin embargo, el último superviviente de Krypton no es real, ni pretende serlo. Es pura fantasía. Es honrado, es alegre, sonriente, extremadamente educado y, por supuesto, heroico. Es todo lo contrario que sus compatriotas. Estos se ríen de él, a veces en voz alta y a veces solo con la mirada. Pero, tras unos segundos, cambian de opinión. No solo por su superfuerza o su supervelocidad. Eso es lo de menos. Lo que importa de verdad es su vulnerabilidad emocional. Que es un ser humano, no un alienígena, y que es afable y justo, y no piensa cambiar por mucho que el mundo trate de presionarle. Esto hace cambiar a todos los que le rodean. De repente, se dan cuenta de que tiene razón. De que podemos esperar algo más de este mundo y de los tiempos que vivimos.


¿Y qué es Lex Luthor, su vil archienemigo, aquel que nunca cambiará ni tiene intención de hacerlo? Un burdo mercachifle. Un vendedor de coches usados. Un timador con una visión distorsionada de sí mismo. No hay nada admirable ni genial en este villano. ¡Su plan maestro consiste en una estafa inmobiliaria! Es, en definitiva, un hombre de negocios de los 70. Y lo es en todo. Desde su forma de hablar, hasta su hortera vestuario, pasando por el ridículo palacio subterráneo en el que vive. No es un científico loco como en aquellos viejos seriales en blanco y negro. Es la antítesis de todo lo que representa el héroe. Si Superman es la esperanza, la amabilidad y la inocencia, Luthor es, simplemente, el cinismo. Un tipo muy corto de miras que solo piensa en el dinero. Alguien que cree haber entendido los tiempos que corren.


Aunque Richard Donner no pertenece al círculo Spielberg/ Lucas y ni siquiera es de su misma generación, decidió rodar esta película como ellos. Y eso fue un gran acierto. Hay un par de guiños a The French Connection en la breve escena de persecución del metro y referencias al cine de desastres que triunfaba en la época, como El coloso en llamas y Aeropuerto. Pero esta es, fundamentalmente, una fantasía. Cine de acción con alma. La primera gran película de Superhéroes. El director lo entiende y sabe que la cámara no debe situarse en lugares extraños que dificulten la comprensión del plano. Este filme requería un estilo claro, tan honesto como el propio protagonista, que, recordemos, dice yo nunca miento.


Todo esto que estoy diciendo no es ajeno a los comics. ¿Cuando crearon Siegel y Shuster a su mítico personaje? En los años 30. Una época terrible, amenazada por la Gran Depresión, el gangsterismo, el racismo y la guerra en Europa. El hombre de acero no es solo una luz frente a la oscuridad. Es un héroe del New Deal americano. Quizás por eso la versión Randiana de Zack Snyder haya convencido a muy poca gente. Quizás porque sus creadores han despreciado los orígenes obreros del personaje. Quizás porque no entienden la necesidad de buscar caballeros de brillante armadura en épocas violentas o quizás porque no saben bien como construir a un caballero de brillante armadura.


En este sentido, la maravillosa Mad Max: Fury Road es un filme que entiende como, incluso en un desierto post apocalíptico, existe lugar para la esperanza. Es curioso que George Miller estuviera a punto de rodar una versión de La liga de la Justicia y que, sin embargo, esta se deshechara por razones puramente fiscales.


Superman se rodó al mismo tiempo que su secuela (algo que ya hizo Richard Lester en su fallida versión de Los tres mosqueteros). Aunque ambas películas fueron un gran éxito, todos sabemos que la segunda parte no alcanza el nivel de la original, principalmente debido a la salida de Donner del proyecto.


Y es que la estructura de orígenes que plantea el guión parece inmejorable. Ha sido imitada hasta la saciedad, en el Spiderman de Sam Raimi, en docenas de producciones de Marvel y, como no, en Batman Begins (Christopher Nolan jamás ha ocultado su admiración hacia Donner). Una forma perfecta de presentar a un personaje y su universo. ¡Y ya han pasado casi 50 años del estreno de la película!


Tampoco quiero olvidar al entonces desconocido Christopher Reeve. Su magnética sonrisa, su imponente presencia y la magnífica diferenciación que hace entre Kent y Superman. Consigue que creamos en lo imposible. Y es que ningún efecto especial puede sustituir una buena interpretación.


Y, por último, el elemento que hace que todo funcione a la perfección, el pilar central de este rascacielos es, sin lugar a dadas, la banda sonora de John Williams (ganadora de un Grammy). Uno de los mejores trabajos de un compositor que ha creado algunas de las mejores melodías de la historia del cine. Una pieza de orquesta que aúna el uso de instrumentos de percusión y metales, y que resulta icónica desde sus primeras notas. El tratamiento de toda la banda sonora gira alrededor de este tema inicial, incluyendo los interludios de corte romántico. Una fanfarría épica fácilmente reconocible por todos, que encaja a la perfección con los valores que representa un auténtico superhéroe. ¡Me resulta increíble que Warner se niegue a usarla más a menudo!


Superman: la película fue nominado a tres Premios Óscar (Mejor Edición, Mejor Banda sonora y Mejor Sonido) y ganó un premio especial por sus efectos especiales (ese año no hubo más películas nominadas a esta categoría). También ganó varios premios Hugo.


En 2006, disfrutamos en Action Comics de la historia El último hijo, coescrita por el propio Richard Donner.


ya en 2017, la película fue seleccionada para su conservación por el Registro Nacional de Películas de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, por ser considerada cultural, histórica o estéticamente significativa.





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