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Las costas de Zothique

En los años 30 aparecieron, en las páginas de Weird Tales, tres autores fundamentales para el género fantástico: Robert E. Howard, H.P. Lovecraft y Clark Ashton Smith. Este último es el menos famoso de los tres y, sin embargo, es, probablemente, el mejor escritor (al menos en términos de técnica y estilo).


Considero fundamental indagar en los orígenes de los géneros que nos fascinan. Y gran parte de lo que me fascina a mi nació en los "pulp". Revistas baratas fabricadas en pulpa de madera, consideradas, durante décadas, como poco más que basura. Y sin embargo, en sus páginas encontramos una imaginación sin límites.


"ZOTHIQUE, EL ÚLTIMO CONTINENTE" es un recopilario del genial Clark Ashton Smith, que ya me maravilló con sus crónicas sobre las recónditas regiones de Hyperbórea y Averoigne. En esta ocasión, el mundo en el que transcurre la acción es el continente de Zothique que, en lugar de anclarse en un pasado lejano, nos amenaza desde el futuro. Un universo post-apocalíptico en el cual toda ciencia ha sido olvidada y las viejas estructuras feudales se han apropiado de la sociedad. Dentro de miles de años, sobre las ruinas de nuestra amada civilización, se alzarán crueles imperios, sombrías aldeas y majestuosos reinos... bajo la continua amenaza de criaturas de la oscuridad, hechiceros, demonios, dioses provenientes de las estrellas, infames nigromantes y ejércitos de muertos vivientes.


La idea es maravillosa. Ahora bien, a pesar de mi amor hacia el autor, no creo que Smith aproveche este concepto inicial tanto como podría. Al llegar a la última página, Zothique se revela como una ambientación de fantasía como cualquier otra, sin que su curioso origen provoque el menor impacto en ninguna las historias. Admito que eso me decepcionó un poco, pues creo que colocar a los personajes en el "futuro" en lugar del "pasado", podía haber dado lugar a cientos de interesantes líneas argumentales, ambientes fascinantes o complejas parábolas sociales. Sin embargo, el autor no está tan interesado en el telón de fondo como en la peripecia de sus personajes.


En la superficie del "último continente" la vida humana apenas tiene valor y las hazañas heroicas son escasas (y, normalmente, inútiles). Por su parte, las fuerzas del mal resultan igualmente patéticas y se mueven más por el rencor que por el ansia de conquista. Curiosamente, los nigromantes de Smith son una raza omnipresente a lo largo de todo el volumen que, sin embargo, nunca demuestran una auténtica majestad. Muy al contrario, son seres ridículos, que viven miles de años en soledad buscando los mismos placeres que cualquier otro hijo de hombre y cuyos monstruosas brujerías suelen acarrear tantos problemas al mundo como a ellos mismos.


"Zothique" no es una novela al uso con su principio y su final, sino una serie de episodios autoconclusivos, muy diferentes en argumento, tono y estilo. Por tanto, he decidido hacer una pequeña crítica de cada uno de ellos. Acompañadme, si os atrevéis, en este insólito viaje...


Xeetra: una forma extraña de abrir el libro, con una complicada historia de vidas pasadas que dice muy poco de Zothique o sus habitantes. Interesante, de todas formas. La poética prosa de Clark Ashton Smith brilla aquí de forma especial.


Nigromancia en Naat: una historia de amor, violencia y terror entretenida, pero demasiado lineal para mi gusto. El final, aunque predecible, es bueno. Fue adaptado como un relato de Conan en uno de los viejos volúmenes de "La espada salvaje".


El imperio de los nigromantes: probablemente este es el más célebre de los títulos incluidos en la antología. Claramente, se trata del más original tanto en planteamiento como en resolución. Los villanos aquí no son hechiceros todopoderosos sino unos vagabundos sin destino. Los héroes aquí no son nobles guerreros sino momias putrefactas. Un buen cuento con filosofía existencialista sobre el horror y la ironía más cruel. En este relato encontramos origen de muchos tópicos de la fantasía moderna y, al mismo tiempo, su subversión. De obligatoria lectura para cualquier interesado en el género.


El señor de los cangrejos: una sencilla aventura condimentada con buenas dosis de brujería y una imaginería un tanto siniestra. No es muy original, sobre todo si lo comparamos con las otras aventuras del libro, pero resulta un relato emocionante y muy bien escrito.


La muerte de Ilalotha: otra historia de terror, esta vez con connotaciones profundamente sexuales. Bien escrita, aunque a mi no me gustó demasiado en una primera lectura. Afortunadamente, he mejorado el gusto con los años. Recuerda un poco a los cuentos de Edgar Allan Poe.


El tejedor de la cripta: este relato es muy curioso. Más que "asco", "espanto", "sorpresa" o "misterio" parece transmitir, sencillamente, "miedo", en su estado más puro. Es difícil de explicar, pero creo que se trata de un enfoque fascinante. La historia acaba siendo bastante triste, pero también muy interesante.


La brujería de Ulua: un cuento extraño para este libro, con personajes de gran dignidad que se niegan a ceder ante los impulsos humanos. La escasez de elementos fantásticos y una fuerte moraleja final hacen que este título parezca pertenecer a otra antología... ¡o incluso a otro autor! De todos modos, es un buen relato de corte caballeresco.


El Dios carroñero: sin ninguna duda, este es mi relato favorito del libro. Intrigante, grotesco, y emocionante. Un hombre deberá salvar a su amada antes de que sea entregada, viva, al espantoso Dios carroñero. Mientras tanto, se enfrentará a las intrigas de la horrible ciudad de Zul-Bha-Sair. Una aventura repleta de horror y misterio. No se trata de un cruce entre Conan y los horrores lovecraftianos sino de algo mucho más grande. En apenas unas páginas, el autor logra crear un mundo extraño y complejo y un buen montón de personajes memorables. ¡Bravo!


El oscuro Eidolon: otra historia magnífica. En esta ocasión el tema principal es la venganza. Aquí se mencionan muchos de los dioses, lugares y dinastías que pueblan el universo de Zothique. Obligatorio para escritores obsesionados con la "creación de mundos". Y el protagonista, Namirrha, merece un puesto de honor en los anales de la literatura fantástica. ¡Otro triunfo de Clark Ashton Smith!


Morthylla: curioso ejemplo de "romanticismo oscuro" que recuerda ligeramente a los cuentos de Becquer. No es de mis favoritos, pero tiene una parte central bastante atractiva y, de nuevo, está magníficamente escrito.


El abad negro de Puthuum: más aventura y misterio, esta vez protagonizada por dos valientes soldados y una bella esclava. Este relato no resulta especialmente original, para qué mentir, pero posee ciertas ideas interesantes durante su desarrollo (es un poco difícil de explicar sin dar detalles que rompan la experiencia). En cualquier caso, se trata más de una historia "de relleno" que uno de los relatos fundamentales de Zothique.


El engendro de la tumba: incluso los grandes autores tienen altibajos. Este es, en mi opinión, el relato más flojo de todo el tomo. Una historia muy corta sobre un par de desgraciados atrapados en una gruta oscura... terror clásico, vamos. ¡Demasiado clásico para mi gusto!


El último jeroglífico: el deprimente viaje de un anciano que va superando diversas pruebas mientras avanza, inexorable, hacia su propia muerte. Debo decir que la historia no me ha gustado absolutamente nada pero el estilo con el que está escrita me parece sencillamente exquisito. Recuerda a otro relato del autor, "Las 7 pruebas" del ciclo hiperbóreo.


La isla de los torturadores: un cuento increíblemente triste sobre la muerte, el dolor, la injusticia y, sobre todo, el azar. La clase de historia que uno recuerda mucho tiempo después de haberla leído. Un relato que a mi me gusta bastante aunque entiendo que no sea del gusto de todos. Eso sí, el final es brillante.


El jardín de Adompha: ahora que estamos cerca de las últimas páginas, Smith nos obsequia con una pesadilla "gore" protagonizada por personajes perturbados, repulsivos, violentos y enfermizos. ¡Podría ser una película de Stuart Gordon! No es para todo el mundo, pero los que lo disfruten, lo disfrutarán mucho.


El viaje del rey Euvoran: tras terroríficas torturas, desesperanzadoras revelaciones, tiranos consumidos por la ambición y bestias provenientes del abismo... terminamos con un poco de humor. Este último capítulo narra las cómicas peripecias de un rey en busca de su corona perdida. Algunos de los giros que toma la epopeya sorprenderán a más de uno. Un final para la antología tan inesperado como brillante.


Zothique no es hoy día un universo tan famoso como, por ejemplo, "La tierra moribunda" de Jack Vance. Sin embargo, en muchos aspectos, ha sido tremendamente influyente, extendiéndose sus tentáculos hasta autores que, probablemente, no saben ni de la existencia de la propia obra.


Se habla mucho últimamente de la "fantasía oscura" pero lo cierto es que lo que abunda en las librerías son sagas clónicas basadas en dungeons & dragons con dosis extra de sangre y crueldad. O culebrones insoportables en los que los personajes caen como moscas ante las amenazas más absurdas. En mi opinión, no es así como debería construirse una narración. Clark Ashton Smith, por su parte, sabía muy bien como transmitir sorpresa, curiosidad, temor, angustia e incluso humor negro con argumentos tan siniestros como fascinantes.


H.P. Lovecraft creó los mitos de Cthulhu y con ello se ganó el amor de miles de aficionados. ¿Que sería de nosotros sin las simpáticas monstruosidades cósmicas? Robert E. Howard es el referente absoluto para cualquier escritor de "espada y brujería". Solomon Kane, Kull, Red Sonya, Brak Mak Morn, Dark Agnes, Conan... una colección de héroes y heroínas verdaderamente memorable. No quiero desvalorizar el trabajo de estos dos genios, ni mucho menos. Pero considero que Smith no merece quedar el tercero en el podio. Un auténtico poeta con una creatividad desbordante y una filosofía vital muy interesante. Su sentido del humor, además, hace que tenga un estilo un tanto europeo con el que me siento muy identificado.


El autor, por desgracia, quedó destrozado tras la muerte prematura de Lovecraft y Howard y dejó de escribir a finales de los años 30. A partir de entonces, se dedicó a otro tipo de arte: la pintura. Murió en 1961, con 68 años de edad.




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