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La leyenda de Kane

Actualizado: 5 de mar de 2019



Un hombre alto, delgado, sombrío. Su rostro es pálido y sus ojos exudan una frialdad mortal. Va vestido de un negro sencillo, lleva un sombrero alto y sólo porta consigo un florete y un par de viejas pistolas. Es Solomon Kane, el puritano, enemigo declarado de las fuerzas del Mal. Un asesino sin escrúpulos, un fanático y, al mismo tiempo, la última esperanza de inocentes y esclavos.


Kane es, después de Conan, el personaje más famoso de Robert E. Howard. También es uno de mis héroes de ficción favoritos.


Se trata de un espadachín puritano que habita el mundo de finales del siglo XVI y principios del XVII. No tiene más propósito que vagar por el mundo en busca de malvados a los que castigar. No se trata exáctamente de un justiciero, pero desde luego no es un pícaro. No ayuda a sus semejantes con una sonrisa en el rostro, sino con una ira y desesperación permanentes. Y, sin embargo, ahí está cuando se le necesita, sin pedir nunca nada a cambio.


La colección completa de sus aventuras es conocida en inglés como «The savage tales of Solomon Kane» y ha sido publicada varias veces en español bajo distintos títulos. Una antología altamente recomendada, tanto para aficionados a la fantasía o seguidores del escritor tejano, como para cualquier lector ávido de emociones fuertes. Pura diversión.

Una de las mejores ediciones es la de la editorial Astiberri, en tapa dura con dibujos de David Rubín (uno de ellos ilustra este artículo). Las historias son muy cortas pero, en apenas unas pocas páginas Howard es capaz de incluir multitud de lugares exóticos, monstruos de leyenda y sangrientos combates. Una antología altamente recomendada, tanto para aficionados a la fantasía o seguidores del escritor tejano, como para cualquier lector ávido de emociones fuertes. Pura diversión.

La mayor parte de los relatos son muy visuales y tremendamente originales. Hay que tener en cuenta que muchos de ellos fueron escritos en la década de 1920. También hay un par de poemas, lo cual resulta muy curioso, porque hoy día es raro leer una aventura en verso.


Pero, ¿quién es realmente Kane? Nadie lo sabe. Ni siquiera su autor.


Kane parte de Inglaterra sin rumbo fijo, en pos de la justicia universal, luchando por el camino con toda suerte de bandidos y criaturas inmundas. Pero sus motivaciones nunca quedan nada claras. Howard utiliza la aventura como un vehículo para tocar los temas que le resultan verdaderamente interesantes: la soledad del hombre, la supervivencia del más fuerte, el miedo a la muerte, las mentiras de la religión y el poder de la voluntad humana. Hay más filosofía de lo que parece en esas viejas páginas de revista pulp.


El primer relato que Robert E. Howard dedicó al personaje llevaba por título «Sombras rojas» (Red Shadows), y fue publicada en Weird Tales en agosto de 1928. En él, Solomon pasa años en busca de un bandido francés conocido como El Lobo. Un bellaco que viola y asesina a una joven muchacha. Kane no conocía de nada a la víctima, pero eso tampoco importa. Este hecho le resulta más que suficiente para iniciar una cacería sin cuartel. Sus pasos le llevarán hasta África, donde conocerá a su aliado, el hechicero N´longa.


En relatos posteriores, el puritano consigue nada menos que el bastón de Salomón, un artefacto de gran poder que le sacará de más de una situación peliaguda.


El último cuento protagonizado por Kane fue «Alas en la noche» (Wings in the Night), que Weird Tales incluyó en su número de julio de 1932. Nuevamente en el continente negro, Solomon deberá luchar contra una nación entera de terribles arpías.


Entre ambas historias se percibe una importante evolución en el personaje... quizás deliberada o quizás accidental. Después de todo, estos relatos se escribían de forma independiente y se asumía que el lector no tenía que conocer historias anteriores para disfrutar de la actual.


Otros autores han ampliado la biografía de Kane con nuevas historias y relatos. Desgraciadamente, la mayor parte de estos escritores carecen de la genuina fuerza de Robert Ervin Howard. Y, lo que es más importante, de sus temas de fondo. Copiar el estilo del tejano es relativamente fácil pero es difícil dotar a un relato de ese aire melancólico y, al mismo tiempo, salvaje. Aunar la excitación del combate con la mirada de la muerte.


En el mundo de Solomon Kane existe el Mal, con mayúsculas, en sus formas más antinaturales y retorcidas. Pero ninguno de estos demonios procede de un infierno judeo-cristiano. El mensaje que transmite Howard es que, si Dios de verdad observa desde el cielo (cosa harto improbable), no le importa lo más mínimo el destino de la Tierra. Un mensaje muy similar al de los escritos de Lovecraft.


Esto último no es casual. Es bien sabido que Howard admiraba a Lovecraft, se carteaba a menudo con él y solía incluir referencias a los mitos de Cthulhu en sus propios relatos.


Es la fe de Kane lo que le salva de las situaciones más difíciles, pero no sus conocimientos religiosos. La fe como representación de la voluntad del ser humano. El personaje jamás se topa con diablos ni siervos de Satanás. Por que Satanás, no existe. Sus enemigos son hechiceros, entes de otras dimensiones, espectros y bestias olvidadas. En definitiva, horrores que habitaron el mundo en otra era, miles de años antes de que apareciera el primer hombre.


Por otro lado, el elemento fantástico está muy contenido y solo aparece cuando es estrictamente necesario. Figuras del mundo real como el capitán Drake son presentadas con el mismo desprecio que la más horrible de las serpientes. Sin embargo, el brujo africano N´longa es tratado de héroe.


Algo interesante es que Solomon Kane es, en palabras de su creador, un cristiano con corazón pagano. A pesar de su aspecto peligroso y su total impiedad con los villanos, demuestra ser un hombre razonable y relativamente tolerante hacia otras creencias. ¿Como se compatibiliza eso con su apariencia de fanático? Porque es pura fachada. Es una máscara que porta un hombre que no sabe por qué hace lo que hace y que ya tiene bastantes problemas en su vida diaria como para empezar a hacerse preguntas incómodas. Él solo quiere caminar solo y enfrentarse al presente sin pensar jamás en el futuro. Quizás por eso Howard escribió tan poco sobre el personaje. Quizás era más cercano a él mismo de lo que quería admitir.


Vampiros, arpías, brujería pagana, piratas sin escrúpulos, engendros sin forma definida, fantasmas vengativos... esos son los peligros a los que deberá enfrentarse el espadachín inglés. Y aunque la situación parezca insalvable, él siempre saldrá airoso. Pero jamás perderá su eterna pesadumbre.


En 2009 se estrenó una versión cinematográfica, dirigida por Michael J. Bassett y protagonizada por James Purefoy (que por cierto, está estupendo en el papel). Aunque no es una mala película de espada y brujería, tiene poco (o nada) que ver con los relatos de Howard. Como curiosidad, diré que fue un éxito rotundo en España y Rusia y, sin embargo, prácticamente nadie la vio en Estados Unidos.


En 2018 apareció en kickstarter un complejo juego de mesa con miniaturas, que llegará a las casas de los mecenas este mismo año. El juego es cooperativo, pero cada jugador controla una virtud cristiana (en lugar de un personaje) y trata de influenciar en la historia de forma indirecta. Personalmente, no he terminado de entender la mecánica ni de ver el interés en un juego de Solomon Kane en el que nadie puede encarnar a Solomon Kane. Pero es cierto que las miniaturas son estupendas.


Puede que el puritano nunca haya sido muy popular entre el gran público. Puede que sus comics jamás hayan vendido tan bien como los de Conan. Parece difícil que, hoy por hoy, sus historias vayan a ser adaptadas fielmente al cine o la televisión. Pero su impacto en la cultura popular es innegable. ¿Cuantas veces hemos visto a este personaje bajo otro nombre?


Solomon Kane es un héroe pulp. Es un espadachín. Es un vigilante nocturno. Es un héroe del renacimiento. Es un cazador de demonios. Pero es, sobre todo, una leyenda.


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