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Un pico de chorlito y un baile de San Vito





El baile de San Vito o enfermedad de Huntington es un trastorno genético hereditario que provoca temblores, frases incoherentes, pensamientos violentos y toda clase de espasmos. En Europa, en los últimos días de la Edad Media y a principios de la Edad Moderna, se produjo una auténtica epidemia de este mal. Especialmente famoso es el brote que tuvo lugar en Estrasburgo.


Muchos creían que el mal provenía del mismísimo infierno y lo trataban o bien rezando, o a base de exorcismos. Pero los galenos, siempre a la vanguardia de la ciencia, no estaban de acuerdo. Pensaban que el problema radicaba en la sangre caliente de los pacientes. De forma que contrataban músicos y obligaban a los pacientes a bailar, bailar y bailar durante días enteros. Lo cual provocaba su muerte por agotamiento.


Siempre me ha hecho mucha gracia como los médicos de épocas pasadas utilizaban sanguijuelas para tratar casi todos los males, o como obligaban a sus pacientes a comer barro cocido (!) o incluso pedazos de momia reseca (!!).


Cuando empecé a escribir el libro, me interesaba, principalmente, el aspecto cómico del relato. El protagonista siempre fue un bufón. Un bufón que no era especialmente listo ni especialmente ético. La excusa perfecta para burlarme de un montón de supuestos científicos y sanitarios que llevan bajo tierra varios siglos y que, en la práctica, mataban a más gente de la que salvaban. Además, siempre me ha parecido francamente espeluznante la imagen del médico con cabeza de pájaro. Soy consciente de que es un atuendo que no empezó a usarse hasta bien entrado el siglo XVII, pero quería inventarme una historia que justificara semejante uniforme. Una historia completamente disparatada, claro está.


Entonces ocurrió algo. La peste negra llegó al mundo. Primero al mundo real y luego al mundo de la ficción. Y perdí el interés en la Edad Media. De repente, quería hablar del hoy.


Experimenté, igual que muchos otros, un fuerte sentimiento de incertidumbre. Y, tras un breve momento de unión, el egoísmo criminal de algunos comerciantes e incluso de naciones enteras. Esto fue lo que me hizo hervir la sangre. No puedo culpar a un volcán por expulsar lava, pero sí al tipo que huye de la catástrofe en su yate, dejando a cien familias en tierra.


En El Hobbit de J.R.R. Tolkien, en cuanto los trasgos llegan, hombres, elfos y enanos dejan a un lado sus diferencias, conscientes de que solo unidos pueden hacer frente al enemigo. En una versión más realista de la historia, la mayoría de los soldados habrían tratado de buscar la forma de aliarse con el enemigo.


Me di cuenta de que el problema no es, ni nunca ha sido, la ciencia médica. Decidí que los galenos serían los héroes de mi historia. Nobles caballeros que se juegan la vida en el campo de batalla y que, a cada segundo, tienen que tomar difíciles decisiones. También incluí brujas y prostitutas (los elementos más maltratados de la sociedad), niños de ojos grandes incapaces de entender el horror que les rodea, frailes ateos, nobles sin tierras y mercenarios sin guerra. El protagonista no ganó mucha inteligencia, pero sí personalidad, y pasó a llamarse Camus (por motivos obvios).


Los villanos serían los hombres que saben convertir las crisis en oportunidades. Los que, ante una catástrofe, solo piensan en maximizar beneficios. Toda esa basura que juega con la ignorancia de la gente, que siempre encuentra la forma de salvar su propio culo y que sabe muy bien como ganar dinero a costa de la desgracia ajena. Ellos y, como no, los jueces y abogados, que ya desde tiempos pretéritos han hecho lo posible para destrozar la vida de los desposeídos.


Mi novela transcurre en una época en la cual la sociedad feudal se está hundiendo poco a poco, y en la que empiezan a surgir nuevos poderes. Pero el aspecto histórico es secundario. Yo intento hablar de la actualidad, aunque sea de forma abiertamente satírica. Los elementos fantásticos están ahí para apoyar el mensaje, no para diluirlo. Porque sí, hay elementos fantásticos. Siempre que intento vender el libro digo lo mismo: sale Satán, está desnudo y tiene un pene grande y muy rojo.


Pico de chorlito puede leerse también como una parodia de la novela histórica tradicional. Aquellos que encuentren las referencias a Los pilares de la Tierra, El nombre de la rosa y El médico se habrán ganado un café con leche.


Sé que está mal que un autor se eche flores a sí mismo, pero creo que el resultado es divertido, sorprendente y más emotivo de lo que pretendía en un primer momento. Puede parecer ridículo pero, al escribir el último capítulo, solté una lagrimilla. Espero haber sido capaz de transmitir al lector un poco de mi sensiblería.


Pico de Chorlito ya está disponible en la web oficial de Apache libros.





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